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Más allá de los complicados desafíos que deberá enfrentar en materia económica, a la luz de los resultados obtenidos y de la designación del gabinete pueden identificarse fortalezas y debilidades del nuevo gobierno. Por lo pronto, la aritmética legislativa que surgió con el resultado de la primera vuelta deja a Macri en una situación de evidente debilidad, que lo obligará a negociar con lo que hoy denominamos Frente para la Victoria. En este sentido, es una incógnita cómo va a ser el proceso de reconfiguración del peronismo, que no contará con un jefe claro e indiscutible con el cual negociar.

Un aspecto que juega como un arma de doble filo es que los tres principales cargos ejecutivos (Nación, Provincia de Buenos Aires y CABA) estén en manos del mismo signo político. Desde el lado positivo, esto brinda un enorme margen de maniobra en materia de coordinación de políticas para el área metropolitana (transporte, seguridad, infraestructura, tratamiento de la basura, cuenca del Matanza-Riachuelo, etc), además de dotar de mayor solidez a la presidencia de Macri. Pero no deben perderse de vista los riesgos que implica semejante responsabilidad.

En este contexto, la Corte Suprema se acaba de despachar con un sorpresivo fallo que complica aún más el escenario de negociación política con los gobernadores opositores. Lo que se discute no es el fondo de la decisión (siempre se consideró que los reclamos iban a terminar prosperando) sino el timing elegido por la Corte Suprema. En términos fiscales, el impacto es acotado: el Gobierno Nacional podrá compensar con menores transferencias discrecionales a las provincias lo que ahora deberá girarles automáticamente como consecuencia del fallo. Pero el impacto político sí es inmediato: lo que antes representaba una herramienta de negociación del nuevo gobierno para conseguir apoyos parlamentarios de las pro-vincias (revertir el marcado proceso de centralización de los recursos en manos del gobierno nacional que tuvo lugar durante el kirchnerismo), luego de la decisión de la Corte Suprema se transforma en un dato cierto para los gobernadores.

En última instancia, Macri deberá afrontar desafíos muy complejos en materia económica, que indudablemente impactarán en los primeros meses de su gestión. Paradójicamente, cuenta con dos activos significativos que le legará el kirchnerismo. El primero es un nivel de deuda pública extraordinariamente bajo que le permitirá apelar al endeudamiento externo para morigerar los costos de la transición, evitando una corrección acelerada del frente fiscal. A pesar de que la disponibilidad de recursos será mucho menor que durante la última década, el segundo activo es un notable déficit de gestión por parte del gobierno saliente, pudiendo obtener logros significativos con cambios módicos en la forma de administrar el Estado y con un gabinete de indudable capacidad técnica. Teniendo en cuenta este horizonte de mediano plazo, vale la pena analizar si es factible cumplir la promesa electoral de remover inmediatamente el cepo, o si es preferible un abordaje gradual con un mix de políticas que acoten los riesgos asociados.

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