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Al iniciarse el 2015, se esperaba que el principal foco de tensión estuviera puesto en el devenir de la economía: con la sorpresiva muerte del fiscal Nisman la agenda de discusión se focalizó de forma excluyente en el frente político. Aun cuando todavía resulta muy prematuro para poder medir el impacto de la ola expansiva del episodio sobre la contienda electoral, no se debe soslayar la magnitud de los desafíos que enfrenta la economía.

El frente externo se presenta particularmente desafiante como consecuencia de los mayores vencimientos de la deuda pública (la amortización completa del Boden 15 en octubre por US$ 6.200 M) y el cambio del contexto internacional. Esto último tiene un doble impacto sobre la economía: no sólo por la caída de los precios de los commodities sino también por la pérdida de competitividad que implica la revaluación de la moneda con la cual está atada el Peso (el Dólar) y la desvalorización de las monedas de nuestros socios comerciales (Brasil, Europa, etc).

De acuerdo a nuestras proyecciones, esperamos una reducción de US$ 4.800 M en la balanza comercial en 2015. En un principio, la gran incógnita del 2015 era si el Gobierno, una vez expirada la mentada cláusula RUFO, iba finalmente a sentarse a negociar un acuerdo con los holdouts. Aun cuando resultó un rotundo fracaso, con la emisión y el canje realizado en diciembre pasado el Gobierno dejó en claro que estaba dispuesto a arriar la bandera del “desendeudamiento” y emitir nueva deuda convalidando una tasa de interés de mercado con tal de obtener los dólares necesarios para llegar a diciembre sin pasar sofocones cambiarios.

Por lo pronto, el Gobierno avanzó en el “alquiler” de dólares para tonificar artificialmente las reservas: entre el swap con China, el financiamiento del Banco de Francia y los atrasos en los pagos de deuda reestructurada, el maquillaje asciende a US$ 5.400 M (monto al cual debe adicionarse la deuda por unos US$ 4.500 M generada con los importadores en 2014). Aun siendo relativamente optimistas con los supuestos, si el Gobierno quiere terminar el año con reservas brutas en US$ 27.300 M (el mínimo valor de 2014), deberá canjear completamente el Boden 15 y conseguir fondos frescos en el mercado por US$ 5.000 M adicionales.

La principal apuesta económica del Gobierno para este año es profundizar el atraso cambiario para quitarle presión al frente inflacionario y tratar de dinamizar el consumo privado vía una suba del salario en dólares. De forma paralela, seguirá utilizando el gasto público para ponerle un piso a la actividad económica. Más allá del obvio atractivo político que tiene para el kirchnerismo profundizar el atraso cambiario (complicando el inicio de la próxima gestión), existen diversos riesgos que deberá afrontar este año: mayor demanda de importaciones, deterioro de la producción de las economías regionales, más dificultades para las empresas exportadoras,  incentivo a la retención de la cosecha y demora en el ingreso de capitales desde el exterior. Por todas estas razones, que hacen del atraso cambiario un lastre para la actividad económica, es que creemos que la economía no podrá retomar el sendero del crecimiento económico en 2015.

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