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Muy en cuentagotas y a regañadientes, el Gobierno está asimilando la dura derrota electoral. La convocatoria al diálogo a la oposición, a los gobernadores y la conformación del Consejo Económico y Social (con la postergada convocatoria a la Mesa de Enlace agropecuaria) parecen meras señales tendientes a mostrar un mayor nivel de apertura. De igual forma, la “reforma” del INDEC es el reconocimiento, aunque insuficiente, de que se ha tomado conciencia de la necesidad de recuperar la credibilidad del organismo.

Sin embargo, es notoria la brecha entre la magnitud de los problemas existentes y el diagnóstico del gobierno con respecto a los cambios que son necesarios implementar. En el caso del INDEC, la expectativa inicial de regeneración no fue más que un torpe intento de maquillaje. La nueva dependencia directa al ministro de economía no es más que una mera formalidad (de hecho, anteriormente dependía de la Secretaría de Política Económica y no de la de Comercio Interior, lo que no fue un obstáculo para la injerencia directa por parte de Moreno). La conformación del comité académico resulta un intento por avalar lo actuado llevando la discusión a cuestiones de metodología estadística. Y por último, la designación como Director Técnico del instituto de un fundamentalista de la intervención da por tierra con cualquier expectativa de recuperación de la credibilidad.

Mientras tanto, las bases de sustentación política de la administración kirchnerista se vuelven cada vez más frágiles. Un claro ejemplo de ello ha sido la cuasi ruptura de la CGT la semana pasada, que requirió de un paso atrás de Moyano y de gestiones directas por parte del Gobierno con el propósito de preservar la unidad. En la provincia de Buenos Aires, el gobernador ha empezado a dar algunas muestras de independencia, además de abrirle el gobierno a los intendentes del conurbano. Debajo de esos movimientos subyace una vuelta al ruedo del duhaldismo que aspira a vaciar de poder al kirchnerismo, despojándolo del último bastión.

Finalmente, hacia el interior del PJ se vive una situación de delicado equilibrio hasta tanto se consoliden las figuras que encabezarán el proceso de regeneración del partido de cara al 2011. No obstante, y tal como adelantáramos antes de las elecciones, esto no ha impedido que cada vez se escuchen más voces reclamando una distribución más equitativa de los recursos entre el Estado Nacional y las provincias.

Como hemos mencionado anteriormente, sin un cambio drástico de expectativas la economía argentina muy difícilmente pueda revertir el proceso recesivo actual. En este sentido, vale la pena salir un poco de la coyuntura de corto plazo y realizar un análisis comparativo en perspectiva de la economía argentina con respecto a la brasileña. La calidad de la política económica en la fase expansiva del ciclo, el dinamismo exportador y la capacidad de respuesta ante el descalabro financiero internacional son aspectos esenciales que moldearán el ritmo de recuperación de la actividad económica y las posibilidades de retomar un sendero de alto crecimiento con inclusión social.

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