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La extraordinaria elección realizada por Macri modifica completamente el escenario político. Por lo pronto, queda en inmejorable posición de cara al balotaje. Pero tanto o más importante que ello, es que con la sorpresiva victoria de Vidal en la provincia de Buenos Aires podría llegar al gobierno nacional con una fortaleza política impensada: los principales centros urbanos quedarían en manos de Cambiemos (Ciudad y Provincia de Buenos Aires, Mendoza) o de expresiones políticas “neutrales” (como el Socialismo en Santa Fe o el peronismo disidente de Schiaretti en Córdoba). Más allá de que objetivamente estará en una situación de debilidad legislativa, lo cierto es que este escenario es muy distinto al que habría tenido lugar si llegaba a la presidencia con la Provincia de Buenos Aires en manos de Aníbal Fernández.

Habiendo confeccionado personalmente todas las listas del FpV, elegido a Scioli con la imposición de Zannini como vicepresidente y no bajando a Aníbal Fernández, el resultado del domingo 25 transformó a CFK en la gran perdedora de la jornada. Esto representa una excelente noticia para un eventual gobierno de Macri, ya que indirectamente le otorga un mayor volumen político: CFK no podrá ser el factor aglutinante del peronismo, que probablemente se  transformará en una oposición acéfala.

Además de Cambiemos (con Macri y Vidal a la cabeza), Massa fue otro de los ganadores. Aun con el continuo drenaje de referentes que fueron vaciando su espacio y la pérdida de algunas intendencias de dirigentes que se mantuvieron a su lado, Massa no sólo logró quebrar la tan mentada polarización sino que incrementó su caudal electoral con respecto a las PASO, consiguiendo 5.200.000 votos. Además del respaldo electoral obtenido en las urnas, la otra fortaleza radica en que una derrota de Scioli en el balotaje implicará un peronismo sin referentes claros y con un kirchnerismo muy dañado.

El sorpresivo resultado y las mayores chances de que finalmente Macri termine siendo electo presidente, generaron una paradoja en materia económica: la euforia en los mercados que se tradujo en saltos discretos en las cotizaciones de títulos y acciones a la espera de un gobierno pro mercado combinado con un kirchnerismo arrasado, estuvo acompañada por una aceleración en el drenaje de reservas por parte del BCRA.

Eliminar los principales elementos irritantes del kirchnerismo podrá mejorar en el margen el humor social, pero de ninguna forma limita la magnitud de los desafíos políticos y económicos que enfrentará un eventual gobierno de Cambiemos. Por lo pronto, si la misma fuerza política controla la Nación, la provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires, ya no habrá margen para victimizarse y deslindar responsabilidades en temas sensibles: los méritos serán enteramente propios, como los costos políticos si no se resuelven.

El problema es que la magnitud de los desequilibrios acumulados (especialmente en materia de atraso cambiario y déficit fiscal) hace que su corrección tenga, al menos en el corto plazo, costos en materia de actividad económica y empleo. Si el timing y la calibración son los adecuados, la situación se estabiliza y la economía retoma la senda del crecimiento económico, los costos políticos podrán “olvidarse” de cara a las legislativas de 2017. Pero administrar políticamente la transición será un desafío por demás complejo.

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