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Más allá de la catarata de datos económicos verdaderos y otros falsos que mostró Cristina en su discurso de apertura de las sesiones ordinarias, siguiendo su tradición omitió referirse a los principales problemas que enfrenta el país en materia económica: la elevada inflación, la acelerada pérdida de competitividad, el altísimo gasto en subsidios y un nivel de gasto público insostenible a mediano plazo.

El Gobierno parece creer en su propio relato de la situación económica y concentra los esfuerzos en sostener el ritmo de expansión de la actividad económica de cara a las elecciones presidenciales, poniendo el foco en una política fiscal muy expansiva que lleva al gasto público a niveles sólo comparables con los de los países más desarrollados de Europa. En este contexto, la inflación es vista por el Gobierno como un mal menor que debe aceptarse con tal de maximizar la tasa de crecimiento de corto plazo.

Si se trata únicamente de una estrategia pensando en las elecciones de octubre, la situación no entraña mayores riesgos. Sin embargo, si como todo indica CFK tiene buenas chances de sucederse a sí misma, la falta de una señalización clara con respecto a su compromiso para afrontar los problemas latentes que tiene la economía argentina puede implicar un foco de incertidumbre adicional.

Si bien la economía disfruta todavía de un tipo de cambio real que resulta competitivo, sustentado en buena medida en un Real brasileño muy apreciado, la miopía del Gobierno para enfrentar la problemática inflacionaria impone un acelerado proceso de erosión del margen cambiario remanente.

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