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El endurecimiento del cepo cambiario de principios de mayo aceleró y profundizó el proceso de desaceleración que inevitablemente iba a enfrentar la economía argentina: prácticamente no creció en abril y mostró una variación interanual negativa en mayo.

Para un Gobierno acostumbrado a administrar la abundancia, la economía está entrando en un escenario inédito. Más allá de los errores de política económica doméstica, el relato oficial culpará a la crisis externa por el freno de la actividad, los espasmos proteccionistas y los crecientes controles implementados. La duda es cuánto tiempo podrá sostenerse el relato si, a diferencia de lo sucedido en 2008-09, el estancamiento se prolonga en el tiempo e impacta sobre la situación social.

Sin un diagnóstico integral y homogéneo para rectificar el rumbo, la economía se encamina hacia una profundización de los controles existentes combinado con el anuncio de medidas puntuales tendientes a tratar de reanimar la actividad económica.

Lo que sí cabe esperar es una reacción política. CFK ganó sola las elecciones, y en buena medida está gobernando sola. Algo que resulta muy redituable durante los tiempos de bonanza, implica una mayor vulnerabilidad cuando la economía empieza a traer malas noticias. Su apuesta política es recostarse cada vez más en los jóvenes de La Cámpora: esto podrá garantizarle lealtad a su proyecto, pero se trata de funcionarios mucho menos fogueados para lidiar con un contexto de mayor conflictividad gremial y social.

Como ha sido una constante en los últimos años, el Gobierno concentrará al máximo todas las cajas disponibles para intentar preservar el poder propio y, eventualmente, “inventarse” otras nuevas. Desde 2009, todas las nuevas cajas que fue apropiándose quedaron en sus manos y no fueron coparticipadas con las provincias: estatización de AFJP, el uso de reservas para el pago de deuda, la emisión monetaria asociada a la transferencia del resultado cuasifiscal del BCRA y la ampliación del límite de adelantos transitorios. Esta es la causa principal que explica las penurias fiscales de las provincias y el sometimiento político de los gobernadores.

El Gobierno ha optado por maximizar la oferta de dólares con crecientes controles en la economía y mantener la apreciación real del Peso de forma de sostener el consumo privado: esta configuración macro implica condenar a la economía al estancamiento.

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