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Continúa la ausencia de noticias económicas positivas. La actividad sigue muy golpeada, sin señales de fuerte recuperación en el segundo semestre. Y la inflación se desacelera a un ritmo menor al pensado previamente. El gobierno navega con pocos instrumentos ya que recibió una economía deteriorada en todos sus frentes y con las arcas vacías. Sólo quedaron dos “cajas”: el bajo nivel de endeudamiento que permite tomar fondos en el mercado y el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses. La primera ya viene siendo utilizada.

La alternativa por parte del Gobierno de apelar al FGS sólo podía ser pensada si esos recursos se destinaban a una mejora para los jubilados. Por eso propuso la cancelación de las deudas previsionales que se generaron a partir del colapso de la Convertibilidad y la ausencia de un factor de ajuste para contrarrestar el efecto de la inflación. También aprovechó la oportunidad para impulsar otras medidas que aisladamente podrían tener otra connotación (blanqueo). Adicionalmente, sumó la devolución del 15% de la pre-coparticipación que recibe la Anses y que pasará a las provincias para conseguir más adhesiones en el Parlamento.

Es natural la tentación que representa para todos los gobiernos de turno la posibilidad de echar mano a los fondos acumulados. El problema es que cualquier modificación del esquema vigente debe realizarse muy cuidadosamente y siendo rigurosos en materia de proyecciones actuaria-les. Sin embargo, esta medida pasa por alto algunos riesgos: mayor deterioro fiscal (0,4% del PBI en 2016 que ele-va nuestra proyección a un déficit primario de 5,2% del PBI) y modificación del sistema previsional (con aumento del gasto y eliminación de ingresos) sobre una base muy inestable ya que la Anses tiene las cuentas muy deterioradas.

Concluimos que inevitablemente se tendrá que encarar una reforma previsional seria ya que el déficit previsional actual se ubica en 3,4% del PBI con una tendencia no sostenible: en 5 años se duplicaría y en 10 años se triplicaría. Para estabilizar el déficit previsional en los valores actuales se necesitará nada menos que reducir a la mitad la in-formalidad y elevar la edad jubilatoria (5 años para las mujeres y 2 años para los hombres).

El Programa de Reparación Histórica salda una inequidad que se generó en los últimos años. Sin embargo, el Gobierno decidió posponer la discusión sobre la sostenibilidad del Sistema Previsional. Apenas se menciona en un párrafo del Proyecto de Ley la creación de un Consejo de sustentabilidad para elaborar en tres años un nuevo régimen previsional. Priorizar el crecimiento de corto plazo sin atender las cuestiones estructurales que afectan la competitividad del país, no será más que la adopción de un nuevo atajo. El sistema previsional es un ejemplo paradigmático en nuestro país. Las reformas anteriores tuvieron un sesgo altamente fiscalista, de corto plazo y sin un análisis actuarial serio. ¿La próxima reforma previsional, que será la cuarta en 20 años, será diferente?

Los saluda cordialmente,

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