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Con la ida de Fábrega se va una de las pocas voces con llegada a CFK que podía funcionar como contrapeso para las ideas de Kicillof. Si bien se trataba de un funcionario de carrera sin peso político propio, al menos le planteaba a la presidenta los riesgos que implicaba el rumbo elegido de la política económica y fue la persona que tomó las medidas necesarias para contener la corrida cambiaria de enero. Más allá de que el nuevo presidente del BCRA (Vanoli) no es de su riñón, el alejamiento de Fábrega es una clara victoria para Kicillof, quien aumenta su poder hacia el interior del Gobierno y su margen de maniobra en materia de la política económica.

En todo caso, la salida de Fábrega es la manifestación más clara de que el margen para el disenso hacia el interior del Gobierno se ha vuelto prácticamente nulo. Si a eso se le agrega un creciente deprecio por el consenso externo (como dejó en claro el tratamiento irregular e intempestivo del nuevo código Civil y Comercial), sólo cabe esperar un Gobierno cada vez más aislado y replegado sobre sí mismo.

Pese a que las primeras señales de Vanoli fueron de relativa moderación (suba de tasas de interés de pases, fijación de un mínimo para la tasa de los depósitos, mantenimiento del mecanismo del contado con liquidación, etc), se reducen sensiblemente las chances de una corrección cambiaria anticipatoria a la intensificación del drenaje de reservas. Pero sin señales de normalización en el conflicto con los holdouts, con la caída en el precio de la soja que resta US$ 6.500 M a la oferta de divisas del año próximo y una economía que profundizará la recesión, el costo en materia de reservas y empleo más pronto que tarde se volverá insostenible.

En términos monetarios, la aceleración del gasto que tuvo lugar en 2014 vino acompañada de una desaceleración en el ritmo de crecimiento de la base monetaria. Dada la inyección de Pesos realizada para auxiliar al Tesoro y el menor efecto monetario contractivo asociado a la estabilización de las reservas, la desaceleración en el frente monetario sólo fue posible como consecuencia de un fenomenal incremento en el stock de letras del Banco Central (LEBAC).

La contención monetaria sin moderar el frente fiscal pudo implementarse en el corto plazo debido a circunstancias muy particulares: el parate crediticio y el mantenimiento del ritmo de crecimiento de los depósitos, que generó un enorme colchón de liquidez en el sistema financiero. Sin embargo, esta estrategia tiene variados costos asociados y no será posible de repetir en 2015.

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