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Luego de la muerte de Néstor Kirchner, CFK pudo mostrar una imagen de mayor moderación de cara a la sociedad e incorporó cambios sustantivos en tres áreas sensibles de la administración: la política de seguridad, el rol del PJ y la relación con los sindicatos.

El claro repunte de la imagen pública de CFK reflejado en las encuestas, la sorpresiva victoria de la candidata del FpV en Catamarca y la reñida elección de Chubut, envalentonaron a un Gobierno que pretende instalar la sensación de que “ya ganó” las elecciones presidenciales. Así, la lógica del oficialismo es apropiarse por adelantado de la eventual victoria en las elecciones para no deberle nada a la estructura del PJ.

Esta situación puede terminar generando algo de ruido en la única estructura partidaria que no necesita definir la candidatura máxima a través de elecciones internas. El proceso de armado de listas puede amenazar el delicado equilibrio interno cuyas tensiones tan bien pudo administrar NK y que CFK parece haber modificado en los últimos tiempos.

Se debe ser cuidadoso de proyectar el futuro a partir de la foto actual. La coyuntura muestra un oficialismo que cuenta con la estructura, los recursos y los medios de comunicación necesarios para dar a conocer su mensaje y sus candidatos, y una oposición muy dispersa que encontró en el apretadísimo cronograma contemplado en la ley de reforma electoral un obstáculo muy difícil de sortear.

Teniendo en cuenta que en la elección legislativa de junio de 2009 el oficialismo se ubicó apenas por encima del 30%, lo que implicó un drenaje de nada menos que 15 puntos porcentuales con respecto a 2007, vale la pena analizar con más detalle cual es la factibilidad de que el oficialismo alcance el 40% en las próximas elecciones.

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