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El nombramiento de Capitanich al frente de la Jefatura de Gabinete y la unificación de criterio en el área económica en la figura de Kicillof –ida de Moreno mediante- plantean un escenario inédito. Por primera vez desde que está en el gobierno, el kirchnerismo acepta delegar poder en una figura con peso político propio y que tendrá injerencia directa en las decisiones del área económica: el dato saliente es que habrá alguien en el Gobierno preocupado por la situación de la economía el 11 de diciembre de 2015. El efecto combinado del traspié electoral y las dificultades de salud terminó forzando a la presidenta a un giro pronunciado en el proceso de toma de decisiones gubernamentales, que implica una evidente concesión a los gobernadores oficialistas.

En el informe pasado habíamos planteado que, luego de las elecciones, la presidenta tenía la alternativa de recostarse en la estructura tradicional del PJ o bien darle un mayor peso a La Cámpora: con las designaciones, CFK hizo las dos cosas al mismo tiempo. Kicillof se transformará en el primer ministro desde Lavagna que dispondrá de todos los resortes de la política económica, pero deberá consensuar las decisiones de política económica con Capitanich. Teniendo en cuenta las distintas visiones que tienen Capitanich y Kicillof en materia cambiaria, fiscal, inflacionaria y financiera, nada garantiza que no surjan cortocircuitos en la relación entre ambos.

Pese a que se mantiene el acelerado drenaje de reservas, no se produjeron anuncios con respecto al turismo y las principales señales económicas emitidas luego del recambio de Gabinete han sido esencialmente cuatro: el acuerdo con Repsol, una aceleración en el ritmo de depreciación del tipo de cambio oficial, una fuerte intervención de la ANSES para bajar la cotización del contado con liquidación y los trascendidos de que no se avanzará en ningún desdoblamiento cambiario. Así, la apuesta del Gobierno para estabilizar las reservas parece ser la de achicar la brecha cambiaria con un mayor ritmo de depreciación del tipo de cambio oficial y manteniendo a raya la evolución del blue con las intervenciones de la ANSES.

Por cierto, para que la mejora de competitividad asociada al mayor ritmo de depreciación del tipo de cambio oficial no sea erosionada por una aceleración inflacionaria, es crucial que se implemente una moderación en serio del frente fiscal y, consecuentemente, monetario. Las posiciones adoptadas en el pasado reciente por Kicillof generan dudas con respecto al énfasis que se pondrá en materia de lucha contra la inflación y las herramientas a utilizar para combatirla. El hecho de que el margen de maniobra sea hoy mucho más acotado que en el pasado, la ida de Moreno, y el peso preponderante de una figura como la de Capitanich con espalda suficiente para administrar políticamente las medidas antipáticas a implementar, representan algunas señales favorables de que quizás esta vez el diseño de la política económica será distinto. Nada garantiza que ello vaya a ocurrir.

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