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Luego del “alquiler” de dólares (swap con el Banco de China, financiamiento del Banco de Francia, atrasos en el pago de deuda reestructurada), el Gobierno logró tonificar las reservas y parece enfocado en conseguir vía emisión de deuda –Griesa mediante- los dólares necesarios para profundizar el atraso cambiario y llegar sin sobresaltos cambiarios a diciembre. Sin embargo, difícilmente podrá evitar una nueva caída del PBI en 2015.

Con respecto al 2016, parece existir cierto optimismo exagerado con respecto a la posibilidad de un rebote significativo de la economía, que sería la consecuencia natural de la mera implementación de un programa económico consistente que restablezca la confianza y permita un ingreso masivo de capitales desde el exterior.

Ahora bien, cuando se realiza un rápido inventario de los desequilibrios que acumuló la macroeconomía luego de doce años de gestión kirchnerista, el panorama deja de lucir tan promisorio: atraso cambiario, alta inflación, escasez de reservas, cepo cambiario, trabas a las importaciones y a los giros de Utilidades y dividendos al exterior, conflicto abierto con los holdouts, déficit fiscal creciente financiado con emisión monetaria, presión tributaria en niveles récord, abultado déficit energético, etc. Por si ello no fuera suficiente, se combina con un escenario internacional mucho menos favorable que en el pasado: apreciación del dólar, caída en el precio de los commodities, recesión y devaluación en nuestro principal socio comercial (Brasil) y desaceleración de la economía china.

Teniendo en cuenta semejante legado en materia económica, el Informe analiza en detalle cuál será el contexto macro que deberá enfrentar el próximo gobierno, qué cabe esperar en materia de actividad económica para el 2016 y si el respaldo en las urnas resultará una base política suficiente para implementar la agenda antipática que requiere la economía.

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