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Durante la gestión nacional actual se han logrado avances para sanear las cuentas fiscales. La cesión de recursos, en parte forzada, se sumó a un esfuerzo en las provincias para mostrarse solventes. Actualmente a nivel nacional existen metas fiscales que exigen continuar con un proceso de consolidación fiscal. Creemos que existirá la tentación de descentralizar gastos a nivel nacional para que sean absorbidos a nivel provincial.

Sin embargo, tanto la Nación como las Provincias han hecho esfuerzos para avanzar en el ajuste del gasto discrecional. En este sentido se ha afectado también el gasto en capital, algo que quizás va en detrimento de una estrategia para ganar competitividad recuperando infraestructura.

Actualmente el nivel de deuda provincial es atendible, aunque creciente. En parte gracias a la restricción del mercado para obtener financiamiento, debido a la mala calificación que tiene la deuda nacional, lo cual obliga a las provincias a comportarse sobriamente en el manejo de sus cuentas públicas.

Con un acceso al endeudamiento limitado y para lograr la solvencia a lo largo del tiempo. Parte del gasto sobre el que habrá que avanzar será el automático. En este sentido, el esquema actual de este tipo de erogaciones luce poco prolijo. Emergió como distintos acuerdos entre Nación y Provincias siempre orlados por el escenario fiscal nacional y la simpatía política entre los actores políticos.

Parte del ordenamiento necesario pasará por la cuestión previsional. Alinear objetivos en este plano no será sencillo, hay que involucrar a todos los actores a los que lo afectan, lo cual atañe a toda la sociedad. Generar un esquema de incentivos para lograr la sostenibilidad será antipático.

No obstante, creemos que desde los gobiernos (nacional y provinciales) hay espacio para generar la transición a un régimen ordenado que contemple qué sistema previsional quiere y puede abrazar la sociedad. La armonización del sistema requerirá que las provincias se comprometan con la sostenibilidad del mismo, lo cual implica una adecuación mayor a los avances que se hicieron en estos años.

Por ello es necesario pensar incluso en esquemas de negociación que alineen incentivos. Una propuesta, por ejemplo, donde se pre coparticipe el gasto previsional. A cambio de ello, quizás, se pueda replantear otras obligaciones hoy en manos de las Provincias (Ej.: Salud, Educación, etc.). Donde incluso el país se podría beneficiar de economías de escala eficientizando estas áreas.

Sería interesante que más allá de la polarización empiece a existir diálogo entre oficialismo y oposición. Independientemente en qué rol estén estos signos políticos el año siguiente tendrán que acordar sobre estos temas sensibles. La actual campaña donde se muestra que no hay puntos de contacto entre los distintos partidos luce poco promisoria.

Aunque es entendible que ambos espacios que disputan espacios de poder tiendan a polarizarse, el país necesitará de las reformas mencionadas y el tiempo que dará el mercado para realizarlas podría ser distinto al tiempo político para organizar un esquema de poder equilibrado donde haya posibilidad de encontrar consensos.

La pregunta final es si existe lugar para construir diálogo en medio de este clima político. Es decir, si la política está a la altura de ordenar el Estado para garantizar que funcione eficientemente y en forma sostenible.

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