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En las vísperas del inicio del cronograma electoral, el contexto es bastante distinto al que esperaba el Gobierno. El dólar informal quebró la barrera de los 10 pesos (llevando la brecha cambiaria al 100%) y sólo revirtió parcialmente la suba luego de la activa intervención del Gobierno. Pese al inicio de la liquidación de la cosecha gruesa, las reservas internacionales siguen sin repuntar debido a la existencia de nuevos mecanismos de filtración. La economía crece a ritmo anémico, el empleo privado formal está estancado y la inflación sólo perdió impulso -de forma momentánea- como consecuencia del “acuerdo” de precios. Las malas noticias de las últimas semanas (inundaciones, tratamiento legislativo del proyecto de “democratización de la justicia”, denuncias periodísticas por lavado de dinero vinculado a la corrupción, etc) golpearon al Gobierno e impactaron en la imagen presidencial.

El Gobierno intenta revertir esta dinámica concentrándose en dos frentes: la economía y la política. En el primer caso, anunció un muy generoso blanqueo de capitales con el propósito de tonificar las reservas del Banco Central y quitar presión sobre la cotización del dólar informal. En el frente político, inició coqueteos con Sergio Massa para tratar de resolver el dilema que representa la elección en la provincia de Buenos Aires. Quizás, este guiño oficial de “no agresión” haya sido la señal que estaba esperando el intendente de Tigre para decidirse a participar activamente en la elección legislativa. Tratándose de una figura que capta adeptos tanto en votantes opositores como en aquellos que simpatizan con el Gobierno Nacional, el desafío que se le abre en caso de candidatearse no es menor: cómo mantener en el transcurso de la campaña un perfil propio equidistante y sin definiciones de fondo, que le permita mantener su amplia base de apoyo actual.

Un Gobierno enamorado de las soluciones de corto plazo, otra vez recurre al “alquimista” Moreno para tratar de solucionar los problemas que él mismo creó. Con la implementación de un blanqueo que lleva su sello, pretende actuar con un solo instrumento sobre tres frentes de forma simultánea: el nivel de reservas del Banco Central, el tipo de cambio informal, y la actividad inmobiliaria y de la construcción. Ahora bien, con un contexto interno que hoy luce mucho más incierto que en ocasión del blanqueo realizado en 2009, es esperable que la magnitud que logre captar sea acotada y tenga un escaso impacto sobre los tres frentes planteados. Poco beneficio para una decisión que, en un contexto de denuncias por lavado, le significa pagar importantes costos políticos al Gobierno.

La incógnita es cuál será el próximo movimiento en materia cambiaria si el blanqueo no alcanza el éxito esperado por el Gobierno. Máxime en un contexto en el cual CFK sigue aumentándose los costos políticos de una corrección cambiaria más acelerada para atenuar el impacto que tiene el atraso cambiario sobre la economía.

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