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Las inundaciones que azotaron a la Ciudad de Buenos Aires y luego a La Plata son un fiel reflejo del estado de anomia en el cual se encuentra la política en la Argentina. Por lo pronto, dan cuenta de las falencias de nuestro sistema político para dar respuestas básicas ante la catástrofe. No hay política de estado, ni gestión, ni reacción ni un mínimo nivel de coordinación entre los distintos gobiernos. La única respuesta fue la de echarse culpas que hoy vuelan como dardos, de forma de tratar de deslindar responsabilidades y trasladar el costo a otro.

El triste episodio también podría tener impacto político, máxime ante la magnitud de la tragedia y en vista del paulatino pero creciente hartazgo de la sociedad con respecto a la política en general. En primer lugar, puede afectar a CFK en la medida en que se tornan más notorios los problemas acumulados en la gestión y la actitud frente a los territorios menos alineados políticamente. Si bien es un caso distinto, tal como ocurrió con el choque del tren en Once, la catástrofe reciente vuelve a hacer explícita la enorme brecha que existe entre el relato oficial y la realidad cotidiana que le toca enfrentar a cada ciudadano.

Por su parte, Scioli fue el que mejor reaccionó en el corto plazo, haciendo gala de su capacidad casi innata para capitalizar políticamente los contratiempos que le toca enfrentar. Pero esto no implica que no se modifique de aquí en más, si se agregan futuros y muy probables problemas de gestión (dado que el Gobierno nacional le seguirá retaceando la asistencia financiera). Distinta es la situación de Macri: la tragedia lo hiere enormemente y puede terminar de dar por tierra con los intentos (ya de por sí complejos) de armar un frente político que pudiera tener representatividad nacional y que incorpore al exministro Lavagna como su pata justicialista.

Más allá de que las inundaciones afecte procesos hoy en curso, vale la pena detenerse y analizar cuál es la situación en el frente político para poner algunas expectativas en su verdadera dimensión y comenzar a saborear lo que podrían dejarnos las elecciones legislativas de octubre próximo.

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