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El Gobierno debió enfrentar en 2013 unas cruciales elecciones legislativas en el contexto de una economía que perdió impulso, con el empleo formal y el salario real estancados. Pese a que se jugaba la sobrevida de su proyecto político más allá del 2015, lo cierto es que ensayó algunos cambios en el diseño de su política económica: tuvo un rol más activo en la contención de la puja salarial, de la mano de los mecanismos alternativos de dolarización desaceleró el ritmo de crecimiento de la base monetaria, convalidó una suba de las tasas de interés nominales, y en paralelo con la desvalorización del Real brasileño aceleró el ritmo de depreciación nominal del Peso.

Estas modificaciones fueron esencialmente el resultado de la caída de las reservas internacionales del Banco Central, una inflación que se mantuvo elevada y la ampliación de la brecha cambiaria entre el oficial y el paralelo, que acotaron el margen de maniobra de la política macroeconómica. Dada la magnitud de los desequilibrios que presenta la economía, esta incipiente moderación está muy lejos de incidir sobre las expectativas del sector privado, pero al menos evitan un mayor deterioro del balance macroeconómico.

La pregunta clave a responder es si cabe esperar que estos cambios se profundicen luego de las elecciones legislativas. Por lo pronto, CFK deberá enfrentar los dos últimos años de su gestión en un contexto político y económico inédito, y con las dudas generadas en los últimos días en torno a su salud. Tratándose de un Gobierno golpeado en las urnas y con fecha de vencimiento, inevitablemente deberá enfrentar un proceso de drenaje del poder político, con un PJ pendiente de la sucesión presidencial y con lealtades parlamentarias que se tornarán evanescentes. El frente económico seguirá sin reportar buenas noticias. La actividad hace rato que perdió impulso y en 2014 no estará presenta el salto de la cosecha agropecuaria, y la escasez estructural de dólares obliga a profundizar los controles cambiarios (que impactan sobre la actividad) a la vez que pone presión sobre la brecha cambiaria.

La prioridad del Gobierno será sobrellevar los años de la transición lo más tranquilo posible pero sin traicionar el “legado histórico del kirchnerismo”. Esto implica que todas aquellas modificaciones que no se realizaron luego del 54% de 2011 no se llevarán a cabo en los últimos años de mandato: racionalización integral del esquema de subsidios, mode-ración significativa del frente fiscal y monetario, recomposición de competitividad, desandar el camino del “desendeudamiento” para aliviar la presión sobre las reservas internacionales, etc. Pero que, lejos de apelar nuevamente al impulso fiscal para tonificar la actividad, se mantendrá la moderación “homeopática” que caracterizó a la política económica durante el 2013: único sendero compatible con el objetivo de preservar los pilares centrales del modelo económico kirchnerista pero minimizando el riesgo de que se produzcan episodios disruptivos.

Desde el frente político, la señal más importante la dará el Gobierno si, como todo hace presumir, reorganiza el gabinete luego de las elecciones. Deberá optar si resigna poder y se recuesta en figuras del PJ todavía dentro del oficialismo que cuenten con capacidad negociadora, o si distintamente prefiere profundizar lo hecho luego de las elecciones de 2011 dándoles un peso aún mayor a los “jóvenes” de La Cámpora en la gestión política del Gobierno.

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