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En las vísperas del trascendental fallo de la Corte Suprema de los EEUU por el tema hold-outs, el Gobierno finalmente logró llegar a un acuerdo con el Club de París por la deuda en default desde 2002. Más allá del monto finalmente acordado y la letra chica del acuerdo (que no se dio a conocer), lo cierto es que representa un hito más en el proceso encarado por el Gobierno en los últimos tiempos para tratar de normalizar la relación financiera con el resto del mundo y lograr una mayor cobertura política por parte del gobierno de los EEUU. Esta secuencia incluyó el pago de sentencias del CIADI, el sinceramiento de las estadísticas del INDEC, y los acuerdos con Repsol y el Club de París (a los que debe sumarse el alejamiento diplomático con respecto a Irán).

Aun cuando el litigio de los hold-outs corre por un carril distinto y la Corte Suprema de los EEUU difícilmente modifique su decisión a partir del acuerdo con el Club de París, lo cierto es que los gestos dados por el Gobierno mejoran el clima externo con la Argentina y disminuyen las chances de caer en un nuevo default. No obstante, en el mejor de los casos lo que se podrá ganar es tiempo para tratar de llegar a un acuerdo con los hold-outs, lo que obligaría al Gobierno a encarar una negociación que sistemáticamente rechazó.

En el plano doméstico, el mejor clima financiero generado por el acuerdo con el Club de París llevó al Banco Central a iniciar un camino de mini-depreciaciones, ya que el tanteo inicial de mediados de mayo había vuelto a poner presión sobre el dólar informal. Este deslizamiento, que esperábamos desde principios de abril, disminuye las chances de una nueva corrección cambiaria brusca ya que morigera la pérdida de competitividad derivada de la dinámica inflacionaria.

El informe analiza las perspectivas del contexto político de cara a las elecciones presidenciales de 2015. Los dilemas del oficialismo y la compleja relación que lo une a Scioli, los obstáculos que enfrenta Massa para darle envergadura nacional a su candidatura y trascender las fronteras de la provincia de Buenos Aires (de forma similar a lo que le sucedió a Duhalde en los ’90) y la factibilidad de una amplia coalición no peronista entre el FA-UNEN y el Pro de Macri. En todo caso, el 2015 marcará el fin de la mayoría automática parlamentaria y un mapa político mucho más equilibrado del que existió durante el período kirchnerista: un auténtico desafío para un país extremadamente presidencialista como la Argentina.

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