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El Gobierno debe lograr un equilibrio entre su sostenibilidad política, que depende de la salud de la economía, y la agenda transformadora de largo plazo. En la actualidad, capacidad política y economía representan dos debilidades. Por eso administra dosis de populismo para compensar. Pero esto implica la postergación de correcciones futuras: el corto plazo está dominando la agenda de largo plazo.

El balance del primer semestre es negativo. Estos resultados, que ahora parecen ser una consecuencia “natural”, no estaban contempla-dos a comienzos de año. Pero entendemos que lo peor estaría que-dando atrás. Los indicadores del segundo mostrarán mejoras (entendidas como menores variaciones negativas) que se profundizarán en 2017. No obstante, estará apoyada sobre pilares que no son sostenibles: política fiscal expansiva que derivará en un mayor déficit fiscal que será financiando con la confianza de los mercados y mayor atraso cambiario que contendrá la inflación y potenciará el consumo de bienes durables.

La fragilidad fiscal se vio afectada aún más por el fallo de la CSJN que impactó en la única medida de austeridad fiscal relevante. El costo fis-cal es manejable en el corto plazo. El dato positivo es que se abre una oportunidad para generar una nueva propuesta consensuada desde el Congreso, que contenga componentes de actualización automáticos para reducir los subsidios gradualmente alineados a una visión estratégica de la energía. Esto evitaría el desgaste continúo por actualización “manual” y daría un marco de previsibilidad. También sería una buena oportunidad para redefinir la política fiscal de largo plazo. Independientemente del fallo de la CSJN, las metas fiscales para los próximos años eran incumplibles. El Presupuesto de 2017, que se enviará al Congreso en los próximos días, podría plasmar esa política fiscal de largo plazo. Veremos.

Una lección de esta historia de los subsidios es que toda medida de corto plazo necesita ser consistente con visión de largo plazo. Esta es una manera de evitar los cortoplacismos, generar consensos y romper con la volatilidad. La macro actual todavía presenta desequilibrios. En la economía como en la construcción reconstruir lleva más tiempo que destruir. Por eso debe de ser paciente con los tiempos. Es necesario volver a un régimen macro sostenible o al menos que las inconsistencias tiendan a converger a una situación de equilibrio. Este debería ser el objetivo primario de la actual administración. Es un período de recomposición y acomodamiento.

Generar un marco macro sostenible es algo que venimos sistemáticamente desaprobando desde hace 50 años. Y lamentablemente es sólo una condición necesaria para comenzar un proceso de desarrollo sostenido. Para desarrollarse se necesita tiempo y potenciar los buenos fundamentos: capital, trabajo y productividad. La economía argentina exhibe un notable rezago que se evidencia no sólo en la dotación de capital físico sino también en el capital humano.

El desafío que tenemos por delante es ser una sociedad moderna, sin pobreza. Para eso se necesita tener un horizonte claro, con una planificación estratégica y capacidad de ejecución. Poder salir de esta trampa del corto plazo nos va a permitir poder empezar a discutir los desafíos del futuro que el resto del mundo está discutiendo y no nos son ajenos, como el medio ambiente y la energía sustentable, el envejecimiento poblacional y los sistemas previsionales, el impacto del avance tecnológico y la creación de empleo, y el rol del Estado para cubrir las necesidades básicas y sostener la demanda agregada ante la pérdida de ingresos de los trabajadores.

 

Saluda atte.

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