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El mes de abril fue bastante movido en términos políticos: al impacto generado por las inundaciones en CABA y La Plata, le siguió el tratamiento acelerado que el Gobierno le imprimió a los proyectos de “democratización de la justicia”, una nueva manifestación popular (que esta vez contó con la tímida participación de distintos referentes de la oposición) y la sucesión de denuncias de hechos de corrupción durante la gestión kirchnerista. Si bien el calendario electoral se viene encima, la oposición sigue incapaz de capitalizar políticamente los yerros permanentes del Gobierno y luce poco probable la posibilidad de articular distintos frentes electorales que puedan disputarle, en la suma del total del país, la hegemonía al kirchnerismo.

Por su parte, el dólar informal no se quedó atrás y quebró la barrera de los $ 9, en el contexto de una actividad económica que viene creciendo a un ritmo anémico. Después de un primer trimestre en el cual las reservas se contrajeron a un ritmo de US$ 1.000 M mensuales, ante la pasiva mirada del BCRA, abril marca el inicio de la principal apuesta del Gobierno en materia económica: que el inicio de la liquidación de la cosecha gruesa permita simultáneamente aliviar el frente cambiario (tonificación de las reservas internacionales mediante) y dinamizar la actividad económica por un crecimiento del consumo privado. Es probable que la llamativa “pasividad” del Banco Central en el 1T-13 se explique por un exceso de optimismo oficial con respecto al ingreso de agrodólares y de contención de la fuga para revertir la caída de reservas.

Como analizaremos en el informe, el margen de maniobra cambiario asociado a la soja va a ser bastante menor al inicialmente esperado por el Gobierno, debido a la caída en los precios internacionales y a una cosecha bastante menor a la esperada. De hecho, este panorama puede complicarse aún más si, aumento de la brecha cambiaria mediante, los productores agropecuarios retienen parte de la cosecha a la espera de una corrección cambiaria. Con este escenario, es esperable una menor flexibilización de las trabas a las importaciones y la postergación para una mejor ocasión de las incipientes autorizaciones para los giros de utilidades y dividendos. Así, una meta de crecimiento del 2% para este año empieza a lucir bastante optimista.

Cada escalada del informal y la expectativa de que la brecha se seguirá ampliando en el futuro aportan más incertidumbre y complican la marcha de la actividad económica. Pero, ¿se puede esperar un giro de la política cambiaria del Gobierno? Pese al impacto evidente que el atraso cambiario tiene sobre la actividad y el empleo, el proceso de toma de decisiones que caracteriza a CFK y la falta de un ministro o referente del área económica con poder y voluntad para hacerse cargo, llevan a anticipar que se mantendrá el statu quo en materia cambiaria. Lamentablemente, el marcado empeoramiento de las expectativas de las últimas semanas pone de manifiesto que el proceso no necesariamente será lento y paulatino sino que puede resultar impuesto por las circunstancias.

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