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La secuencia que se inició con la imposición de Zannini en la fórmula presidencial, los anuncios de mediados de junio del ministro Kicillof de la intensificación de los controles cambiarios en la city y por último el sorprendente recurso presentado por el fiscal Gonella ante la Corte Suprema para que sea declarada ilegal la operatoria del contado con liquidación, terminaron por fogonear una nueva escalada del dólar informal. Después de meses de pax cambiaria, los desatinos del gobierno y el cambio de percepción de los mercados con respecto a las chances presidenciales de Macri volvieron a poner la cuestión cambiaria en el centro de la discusión.

Más allá de que las razones que explican la brecha cambiaria siguen en pie (escasez de reservas, cepo, aumento del déficit primario financiado con emisión monetaria, atraso cambiario, etc), esta secuencia adelantó unos meses la dolarización de carteras que se esperaba para finales de año, poniendo de relieve que la mayor demanda de pesos derivada del atraso cambiario y de las mayores tasas de interés sólo era posible en el cortísimo plazo.

Dejando la cuestión cambiaria a un lado, y transcurridas las elecciones a gobernador en diez distritos que representan prácticamente el 40% del padrón nacional (lo mismo que la provincia de Buenos Aires), es un buen momento para analizar qué señales muestran esos comicios y cómo modifican el escenario para las presidenciales. Teniendo en cuenta que los mercados pasaron de un fuerte optimismo en febrero-marzo cuando percibían al triunfo de Macri como poco menos que inevitable, a un clima muy pesimista ante el fortalecimiento del oficialismo y el encumbramiento de Zannini, es relevante repensar cuánto condiciona su designación a un eventual gobierno de Scioli y cuál ha sido su comportamiento en materia fiscal a lo largo de ocho años al frente de la provincia de Buenos Aires.

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