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El Gobierno pasó su primer cumpleaños con cambios en su Gabinete. Apartó a Prat Gay y separaron en dos al Ministerio de Hacienda y Finanzas designando a Dujovne en Hacienda y a Caputo en Finanzas (Secretario de Finanzas y socio en la actividad privada de Prat Gay). Más allá de los nombres son varias la señales que se desprenden de estos cambios.

En primer lugar, la salida de Prat Gay no es algo que sorprenda. Desde que se conformó el gabinete en 2015 dijimos desde este reporte que una figura con peso específico, sin ser del “riñón” del Pro y con facultades limitadas para tomar decisiones podía ser un foco de conflicto. En este sentido el resultado era binario: se le daban más herramientas y poder o se lo corría. En el último tiempo los mensajes desde el interior del Gobierno hacia el exterior eran más frecuentes. Ausencias en reuniones de equipo o el “viajar menos y trabajar más” mencionado por Macri indicaban cuál iba a ser el resultado final. Sólo quedaba ver quién movía la primera ficha. Prat Gay se va con un discurso: tiene varios hitos (cepo, default y blanqueo) y no queda como “ajustador” algo que cuidó precavidamente. La reducción de la inflación y la recuperación de la economía quedó en la bandeja de pendientes. Errores de timing.

En segundo lugar, estos cambios también se presentaban como una oportunidad para el Gobierno si el concepto de las modificaciones era la preocupación por lo fiscal. Por ejemplo, colocando en lugar de Prat Gay a alguno de los dos Vicejefes de Gabinete, Quintana o Lopetegui. Cualquiera de ellos le iba a otorgar un rol preponderante y ordenador a la cuestión fiscal. Sin embargo, no sólo el Gobierno desaprovechó esa oportunidad, sino que además separó en dos el Ministerio duplicando funciones cuando se pretende dar la señal de austeridad fiscal y eliminación de programas que duplican fines.

En tercer lugar, continúa ampliándose la mesa con los actores que definen la política económica dificultando aún más la coordinación. Por ejemplo, ¿está coordinado el incremento de tarifas con el impacto fiscal, el índice de precios, salario real / paritarias y la actividad económica? ¿Está coordinado el nivel de déficit fiscal, con la emisión de deuda necesaria y el impacto monetario del ingreso de dólares por la colocación de bonos en el exterior? ¿O cada sector hace cuentas por su lado?

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