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A un mes de la muerte de Néstor Kirchner, los lineamientos esbozados una vez sucedido el hecho parecieron confirmarse en el escaso tiempo transcurrido. La desaparición de la figura excluyente encargada de realizar el armado político del gobierno de CFK, puso al Partido Justicialista en estado de hibernación. El “efecto duelo” implicó una revalorización de la figura de la presidenta que motivó un salto discreto en distintas encuestas: su imagen positiva se encuentra en niveles sólo comparables a los de principios de 2008 (muy poco tiempo después de haber asumido la presidencia y cuando todavía estaba latente su promesa de dotar al gobierno de una mejora en la calidad institucional). Ante este nuevo escenario, en el cual la presidenta podría (si así lo deseara) intentar con buenas perspectivas su reelección, la respuesta natural de aquellos dirigentes justicialistas que estaban próximos a dar el salto fue la de congelar automáticamente todos los intentos de diferenciación y recluirse en sus distritos.

En el primer mes sin NK, la presidenta mostró algunos gestos de continuidad con el modelo de construcción política kirchnerista (por ejemplo abortando cualquier tipo de negociación para lograr la aprobación del Presupuesto 2011) pero que combinó con otros novedosos: el intento por lanzar finalmente el Consejo Económico y Social (CEyS) con empresarios y sindicatos (tendiente a moderar la puja distributiva) y el pedido de asistencia técnica al FMI para elaborar un IPC de alcance nacional. Más allá de que en ambos casos se trata esencialmente de cortinas de humo con el propósito de ganar tiempo que no corrigen los problemas de fondo, lo cierto es que se trata de gestos de moderación que resultaban impensados antes del 27 de octubre. El CEyS difícilmente pueda tener éxito si no tiene su complemento “ortodoxo” fiscal y monetario; y el pedido de asistencia técnica al FMI para elaborar un IPC nacional porque “en La Pampa se consume más carne que en Chubut” –como señaló el director técnico del INDEC- sólo se puede entender por las presiones de la comunidad financiera internacional en el marco de la negociación con el Club de París.

Pero el mayor impacto de la muerte de NK se dio sobre la oposición. La discusión en el debate del presupuesto 2011 (con denuncias de compra de votos incluidas) puso de relieve este escenario de fragmentación. El sonoro portazo con el cual Reutemann abandonó la mesa chica del Peronismo Federal dejó en claro que el único factor amalgamador de este agrupamiento era la presencia de NK. Con su muerte, el bloque se puso al borde de la fractura: ahora se divide en el ala moderada (Das Neves y Solá) y la dura (Duhalde, los Rodríguez Saá, Romero, Puerta, etc).

La UCR, tan afecta a las luchas intestinas, se embarcó en disputas parlamentarias por migajas: el alfonsinismo incumplió un acuerdo previo y desplazó al cobista Oscar Aguad de la jefatura del bloque de diputados, decisión que generó coletazos en la bancada del senado (con intentos –fallidos- para separar al alfonsinista Morales). Además de las dudas de Cobos con respecto a su candidatura presidencial que emergieron luego del fallecimiento de NK, el partido sumó un nuevo precandidato presidencial: el presidente del partido Ernesto Sánz. Por último, Carrió anunció que la Coalición Cívica deja definitivamente el Acuerdo Cívico y Social (decisión que no generó mayores disgustos en sus ex-socios) y que muy probablemente se presentará como candidata presidencial. Ante semejante escenario de disgregación de la oposición, no debe extrañar la reevaluación pública del gobierno de CFK.

La crisis internacional sumó un nuevo capítulo esta semana con el auxilio financiero de la UE y el FMI a Irlanda. Teniendo en cuenta el panorama sombrío que enfrenta la economía mundial (y de forma particular Europa), el Informe analiza detalladamente las causas del colapso irlandés y las implicancias a futuro de un mundo desarrollado en crisis.

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